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| Unhappy ending: Fallen Princesses, proyecto de la fotógrafa canadiense Dina Goldstein |
Al empezar este semestre leímos en clase el capítulo “El espejo de la reina: la creatividad femenina, las imágenes masculinas de la mujer y la metáfora de la paternidad literaria” del libro La loca del desván. La escritora y la imaginación literaria del siglo XIX (acá su espacio en Goodreads) de Sandra Gilbert y Susan Gubar. Recomendado a ojo cerrado creo que para todo tipo de lectores, en especial para quienes quieren ser escritoras. En este blog incluiré algunas entradas relacionadas con este libro.
Hoy quiero hablar de la "mujer-monstruo" en contraposición con la "mujer-ángel", pensando en las mamás y brujas de cuentos de hadas (nota al pie: visiten mi galería de mujeres monstruo/mujeres ángel acá). Y bien, es claro que no hay ninguna escritora latinoamericana del siglo XXI aquí, pero necesito hablar de esto. Me parece relevante y quiero vincularlo después con otras ideas sobre la madre-monstruo.
La literatura infantil es uno de los campos literarios que más trabajo e investigo. Además de generarme placer estético y constantes descubrimientos, me impacta que esté tan subvalorada a pesar de que -como otros productos dirigidos a la infancia- transmita la voz y las ideologías de nuestras culturas.
Los cuentos de hadas, los mitos y las leyendas son ejemplos clarísimos de eso. Y en ellos es también evidente el colonialismo cultural que hace que para nosotros, en Colombia, resulte más familiar un cuento de los Grimm o de Perrault que una leyenda wayuú o paez. Los cuentos de hadas, en particular, nacieron en Europa y fueron traídos a América Latina en las voces de las mujeres. Aunque también se narraron acá los cuentos africanos e indígenas, todo parece indicar que no hubo fusión. Caperucita Roja, la Cenicienta, la Bella Durmiente, la bella y la bestia, La Sirenita o Blancanieves se cuentan hoy de manera similar a como se transmitían en el siglo XVII, por ejemplo.
¿Notaron que los cuentos que mencioné se refieren todos a jovencitas? ¿recuerdan cómo son las figuras maternas o de mujeres adultas en estos cuentos? Bueno, pues para responder bien a estas preguntas uno podría hacer toda una investigación (que seguro ya existe) con una muestra más amplia de cuentos europeos. Yo solamente quiero hacer una breve mención acá, porque me resulta curiosamente molesto que la ausencia de la madre o la figura de una mujer poderosa sea equivalente a algo negativo. Claro, una mamá presente siempre va a ser un beneficio para la familia, pero qué pasa cuando la mamá debe ausentarse. ¿No tiene licencia para hacerlo? (Aclaro que esto no pretende ser una apología a las auténticas madres-monstruo, devoradoras o asesinas de niños, ni una excusa a las maltratadoras. Me quiero centrar solo en la imagen de la mujer empoderada).
Veamos el estado de las madres y las brujas en los cuentos que mencioné antes:
- Caperucita: Madre y abuela pasivas.
- La Cenicienta: Madre muerta, madrastra abusadora y hada madrina benévola.
- La Bella Durmiente: Madre pasiva (dormida). Hadas madrinas complacientes, bruja malvada.
- La bella y la bestia: Madre muerta.
- La Sirenita: depende de la versión. En Andersen la figura materna es fuerte y hegemónica, es la abuela reina. Hay una bruja del mar con un papel secundario. En Disney no hay figura materna y la bruja busca el trono.
- Blancanieves: Madre muerta, madrastra-bruja asesina/abusadora.
Por otro lado, las dulces hijas (palomitas inocentes) encarnan el espíritu de la mujer ángel: "el modelo eterno de pureza femenina", diría Gilbert. Representan virtudes como la modestia, la gracia, la pureza, la delicadeza, la urbanidad, la docilidad, la discreción, la castidad, la amabilidad y la cortesía, así como su reclusión sin quejas a la vida doméstica y a su dedicación a los demás: una mujer para los otros, olvidada de sí, que jamás debía preguntarse “¿qué haré para complacerme a mí misma o para ser admirada?”.
Estas "dulces palomitas" afortunadamente se encuentran en vía de extinción en las películas infantiles recientes gracias a bellezas como Merida, Moana, Elsa (no me he visto Mulán ni Pocahontas para darle razón a este meme).
Bien, pero volvamos a lo que me interesa acá: la mujer monstruo y, por esa vía, la madre monstruo o la bruja. Para eso voy a tener que pedirle ayuda a las señoras Gubar y Gilbert, que ya hicieron la tarea de definir teóricamente ese concepto y que les voy a traer acá de manera muy desmenuzada (puede que ni siquiera dándole a los talones a las respetadas académicas).
La mujer monstruo es la que se le sale de las manos a los hombres, esa que "sigue estando por encima y por debajo (pero en realidad solo afuera) de la esfera de la hegemonía de la cultura". Es aquella a quien insultan llamando viejabruja, zorra, monstruo, demonio (bitch, para el slang actual) y que habita en algunos personajes de ficciones masculinas. Dicen las autoras:
Símbolos de sucia materialidad, entregadas solo a sus propios fines particulares, estas mujeres son accidentes de la naturaleza, deformidades destinadas a repeler, pero en su misma monstruosidad poseen energías insanas, artes poderosas y peligrosas. Además, encarnan el temor masculino a las mujeres y, de foma específica, el desprecio masculino a la creatividad femenina... (p. 44)
Cuéntenme a quién les recordó este pasaje. Yo pensé inmediatamente en Elsa, la de Frozen, y en Maléfica (Disney le hizo una película, Maleficent, pero ella es realmente el hada malvada de La bella durmiente del bosque). Sin embargo, la madrastra de Blancanieves y Úrsula, la bruja de la versión de Disney de La Sirenita caben en ese perfil. Por supuesto que Gilbert y Gubar detectaron esto, particularmente con Blancanieves, a quien le dedican el final de capítulo (muy recomendado).
En otras palabras, el "deber ser de las niñas" es encarnado por las "dulces palomitas", las mujeres ángel que, después de padecer sin quejarse y ser abnegadas y obedientes, consiguen que se restablezcan sus derechos que, en últimas, son los impuestos por el orden masculino. No es reinar, es darle herederos a la corona. Las otras, las brujas, las madrastras, las que les dan la espalda a las "buenas", son siempre mujeres con poder y con una fuerza creativa poderosa. Lo bonito es que todo personaje, o toda mujer, lleva en su interior tanto a una dulce paloma como a una poderosa bruja.
Ahora bien, sé que estoy simplificando el tema, y probablemente Clarissa Pinkola Estés y el Dr. Bruno Bettelheim tendrían mucho que reponer, pero la idea de esta entrada es ofrecer una mirada sobre las mujeres de ficción que pueblan muchos cuentos de hadas europeos apropiados por nuestras culturas locales. Es hacer un alto y reivindicar el poder creativo e incluso curativo de estas "locas" madrastras, brujas, reinas que puede que sean más que unas simples envidiosas de las virtudes del ángel, quizá es algo distinto lo que nos están queriendo decir.



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