La maternidad restringida. ¿De verdad quiero ser mamá?

Creo que la gran motivación de las ya mencionadas Susana y Elvira (Marcela Peláez y María Fernanda Moreno) para escribir este libro fue seguir adelante con las reflexiones de Lo entendimos todo mal, su primera obra publicada en impreso, en donde también hacían apuntes muy pertinentes sobre lo que es y significa ser mujer en el siglo XXI:

Si Lo entendimos todo mal mostraba las tensiones a nuestros veinte desde una cómo y distanciada mirada de treintañeras, Con fecha de vencimiento es un esfuerzo por entender lo que pasa y de tratar de encontrar respuestas, pues aún hay muchas cosas que exceden nuestra comprensión. Nuestro trabajo no ha sido sencillo. Hemos tenido que traducir lo que dice la academia y revisar toda suerte de literatura sobre economía, género, feminismo, sociología, mercadeo, hacer operaciones matemáticas e interpretar cifras. Este es nuestro aporte a una vida en la que no tengamos que disculparnos por la edad que tenemos, las decisiones que tomamos o lo "buenas" que estamos. p. 23. (Cursivas mías)

Con fecha de vencimiento desarrolla cuatro líneas poderosas del deber ser de las mujeres en el presente: belleza, juventud, maternidad y consumo, en otras palabras, cuatro de los grandes "deberes ser" de las mujeres contemporáneas. Destaco, además, que las autoras reconocen sus limitaciones y desde el inicio aclaran y declaran que su mirada es la de una burbuja de dos "niñas bien", profesionales, con estudios de posgrado en el exterior, sin demasiados impedimentos por parte de sus familias, chicas de clase media que viven en arriendo... por ahora. "Feministas de burbuja" que no pasan de la 72, las llamaron alguna vez (p. 27).

No me voy a detener en resumir los capítulos, no tendría sentido, pero sí quiero echarle una mirada general al capítulo que me concierne, el de la maternidad.


La maternidad restringida

"Cualquiera que le dedique tres neuronas a la posibilidad de ser mamá, bien podría pegarse un tiro con una escopetarra". p. 163

Ayuda al medio ambiente: no tengas hijos.

Este capítulo surge de la pregunta de las autoras respecto a su propia maternidad. "Les adelantamos algo de la respuesta aunque es apenas un pedacito de nuestro hallazgo: la maternidad y el reloj biológico bien pueden ser los peores enemigos para las feministas liberales y las trabajadoras independientes como nosotras" (164). Y es que ser mamá y ser una mujer 10 parecen no ir de la mano, es decir, ser la mamá Johnson&Johnson, la esposa puta y madre y además cumplir con los demás estándares como ser bonita, joven y estar a la moda (o aparentarlo) es una tarea que va más allá de las posibilidades de una Wonder Woman.


Vivimos en la contradicción: parece que para reclamar un lugar en la sociedad una mujer debe ser madre, pero ¿cómo reclamar ese lugar cuando una está ocupada siendo madre? Es decir, ¿estamos obligadas a elegir entre construir una vida laboral consistente o una familia y un matrimonio perfectos? Me encantaría decir que me niego, pero no he podido hacerlo.

En fin... antes de los dramas personales, a vuelo de pájaro, una mirada veloz al mencionado capítulo:
Susana y Elvira organizan el debate bajo cuatro dudas centrales:

La primera: con quién. ¿Hay acaso un buen candidato que amerite ganarse el lugar de "el padre de mis hijos" o, en sus palabras, the one? Estamos plagadas de neardentales o cavernícolas machistas que juran que estamos hechas para servirles; así las cosas, ¿hay "suficiente pelo pa'moña"? Súmele que en un país como el nuestro los candidatos que quedan pueden no ser aptos porque: 1. están muertos, 2. están comprometidos, 3. no les gustan las chicas, 4. no están listos o 5. no están sanos (lo dicen ellas allí, si no me creen, léanlas, ¡parece increíble!).

Luego luego está la duda sobre los mitos y estereotipos alrededor de la maternidad del tipo "ser madre es la realización de toda mujer", "a las mujeres les debe gustar ser mamás", "la mujer que no tiene hijos es una egocéntrica", "la mayor conquista de la mujer del siglo XXI fue haber podido disponer de la píldora" (en otras palabras, disponer de libertad respecto a su sexualidad y su placer) y la otra gran conquista: la posibilidad de hacer parte del mercado laboral.

La tercera duda: ser mamá es muy difícil: "criar o trabajar, pero no las dos al tiempo", y allí se resumen la cantidad de dificultades de llevar adelante un matrimonio, de trabajar, criar y, en mi caso, estudiar al mismo tiempo. Y esas dificultades están asociadas con temas financieros y políticas públicas que favorecen a los hombres sobre las mujeres. En otras palabras, la pobre Clara de La azotea estaba loca, pero con razón, pues además de cuidar a su papá, a su hijita y a sí misma, no tenía un peso para mantenerse viva al final de la obra. Y no estaba dispuesta a poner en evidencia su vida íntima para obtener un subsidio, por ejemplo. "Antes muerta", habrá dicho ella.

Por último, ser mamá es súper caro. Y sí, lo es. Pero siempre lo ha sido, solo que antes, cuando las mamás tenían un rosario de niñitos, las sociedades y las economías se movían en otras dinámicas: los niños eran tales hasta que cumplían 10 u 11 años y eran capaces de ayudar a la familia a ganarse el sustento, ir a ordeñar, a cultivar o a comerciar; las niñas se casaban a los 14 años, las mamás compraban menos, estaban en la casa, cosían para toda la familia y no era mal visto usar ropa remendada (solo por mencionar algunos detalles). Ahora, las realizaciones del Pepe Ganga, de Carter's on line y del Éxito motivan a no parar de comprar. Los pañales no se lavan, las compotas no se preparan en casa (no hay tiempo, hay que correr a la oficina), los niños van al jardín desde lo 6 meses y allí no solo hay que pagar matrículas y materiales sino también seguros, transporte y uniformes.

Creo que si me hubiera puesto a leer este libro antes del nacimiento de Joaquín, probablemente no lo habría tenido. Pero, como dicen por ahí, el embarazo es un acto movido por el inconsciente y, en suma, la mayor parte de las mamás (contrario a Clara) no estamos a favor de sentarnos encima del muchachito por más cansón que esté. La maternidad ignora todas las dudas posibles, las pasa por alto.
No estoy diciendo que la realización de una mujer sea ser mamá, ni por equivocación. Sin embargo, pienso que es un superpoder subvalorado que requiere de nuestra voz para enaltecerse y revalorarse. Parimos a la humanidad, dennos algo de crédito, señores y señoras neardentales.

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