24 horas no son suficientes



11:15 p.m.
Al fin hay silencio en la casa, y aunque el agotamiento está a punto de ganarme, es el único momento en el que puedo escribir, en el que todos duermen y puedo enruanarme y sentarme frente al compu sin sentirme juzgada ni por mí, ni por lo que dejé de hacer (como transplantar la plantica que compré para día de muertos y que representa al bebé que perdí este año, u organizar mi carpeta de documentos médicos o doblar la ropa de Joaquín), ni porque no le estoy poniendo atención a alguno de los hombres de esta casa.

Y no soy escritora. Me instalo en ser bloguera ahora, en redactar mis trabajos para la universidad y algunos artículos para revistas de vez en cuando, pero no me dedico a escribir. Y ese el el tema del día, el tiempo. El tiempo para escribir.

Amo cada conquista de la "liberación" femenina: votar (así no sirva de mucho), poder trabajar y ganar mi propia plata, poder estudiar, viajar sola, sentirme protegida y libre a la vez. Pero odio tener que tener que cumplir no solo mis expectativas sino las de medio universo. Siempre fue así, ¿verdad? Es decir, la angustia por cumplir con las expectativas es, en últimas, una construcción principalmente masculina (que conste que dije principalmente, no únicamente), antiquísima, que nos moldea y nos obliga a pensar y actuar de cierta manera para que las cosas se mantengan más o menos como lo han hecho, favoreciendo a unos y desfavoreciendo a otras.

No es solo un tema de que ahora "hagamos más cosas", es un tema mucho más profundo, que de seguro tiene que ver con la expectativa actual respecto a ser al tiempo mujeres-ángel (la perfecta ama de casa) y mujeres-monstruo (bestias creativas y poderosas. Acá una entrada que explica mejor la idea).

Susana y Elvira ponen esto en términos mucho más mundanos: es como tratar de ser Miranda, Carrie, Samantha y Charlotte de Sex and the City y a la vez Gabrielle, Susan, Bree y Linette de Desperate Housewives (que generalmente son muy contenidas y no desesperan realmente). De manera que la mujer modelo para muchas chicas clase-media corresponde a la imagen de la ejecutiva exitosa: "discreción, asertividad y autoridad" hasta cierto punto: hasta que el reloj biológico enciende su alarma y nos pone a pensar en otras cosas.

El caso es que 24 horas no son suficientes para vivir en Sex and the City y en Desperate Housewives, ni para ser ángeles y monstruos al tiempo. Yo ya hice la cuenta y necesitaría 8 horas para tareas domésticas, familiares y conyugales; 2 para ocio, 8 para dormir, 4 para trabajar, 6 para estudiar, y, en esta ciudad, como 2 de desplazamientos (mínimo). Salen 30 horas. 30 horas y no soy escritora, y lo recalco porque pienso que un trabajo creativo requiere de más tiempo y concentración (cualidades ausentes en la vida de una mamá).

Ahora bien, si este mundo fuera un poquito más equilibrado y los señores tomaran una postura diferente, probablemente no tendríamos que elegir entre una cosa (trabajo, estudio, escritura) u otra (asuntos domésticos, crianza) para hacerla bien. Y es que aunque una tenga la fortuna de contar con un marido atento y padre responsable, la verdad sea dicha: les cuesta la equidad de género (los pobres no tuvieron un buen ejemplo. La generación anterior, es decir, sus propios papás no fueron papás activos: nunca cambiaron un pañal ni se levantaron en la madrugada a atender al bebé).

Susana y Elvira son muy pragmáticas en este tema e hicieron una investigación juiciosísima que sostiene la idea de que "Tal vez no invadimos la fuerza laboral y reemplazamos el trabajo doméstico por uno más glamoroso, sino que ahora hacemos los dos" (189). Algunos bullets:

  • En 2012, nueve de cada diez mujeres colombianas realizaron actividades de trabajo no remunerado (asociado al trabajo doméstico y de cuidados) y dedicaron en ello un promedio de 7 horas y 23 minutos en ello. 
  • Estas mismas actividades fueron realizadas por seis de cada diez hombres colombianos quienes dedicaron en ello 3 horas y 10 minutos.
  • En la Unión Europea, las mujeres dedican 26 horas a la semana a actividades relacionadas con el cuidado y mantenimiento del hogar, mientras que los hombres allí invierten en ello 9 horas a la semana.
En otras palabras, las mujeres dedicamos más tiempo al hogar que los hombres... y además trabajamos. 

Pero no solo es cuestión de dedicarle tiempo al hogar, sino de criar niños, de ofrecerle a la sociedad buenas personas para el futuro. En palabras de la escritora Margarita García Robayo: "Así como al mundo le conviene que se siembren árboles, también le conviene que los hijos de quienes optan por tenerlos crezcan cerca de sus padres, bajo su cuidado, porque es probable que sean mejores personas. El futuro necesita mejores personas". O, en palabras de Susana y Elvira, las mujeres trabajadoras "somos un simple instrumento de producción, pues no solo traemos 'artículos de comercio e instrumentos de trabajo' al mundo (o sea, los hijos), sino que también queremos hacer parte de la fuerza laboral explotada, compañeros" (p. 203). Es decir, tenemos el poder de "ofrecer beneficios" a la sociedad por donde sea que se mire, pero este poder es ciertamente subvalorado.

En ocasiones parece que tenemos que elegir entre una cosa u otra. Sin embargo, como dice García Robayo, "ningún oficio debería ser incompatible con la empresa de parir, y para la gente –a favor o no de la reproducción humana– debería ser natural la tarea de facilitarles a los padres las labores de crianza". Y continúa más adelante:

Cuando iba a tener mi segunda hija, un escritor amigo me mandó un mail muy sentido, instándome a no dejar de escribir. Era como si mi embarazo fuera una luz roja que alertaba ante la inminente pérdida de otra escritora en las garras de la maternidad. En su momento me pareció exagerado, hoy creo que se quedó corto. Yo no voy a dejar de escribir por mis hijos, porque mis hijos no se merecen cargar con una madre frustrada. Pero lo cierto es que mantenerme en este oficio se vuelve una lucha cada vez más pesada. 

En primer lugar, no tendríamos que renunciar a nuestras metas laborales o académicas por la maternidad, ni tendríamos que sentirnos culpables por hacer lo que queremos y necesitamos hacer. No habría que poner en las espaldas de nuestros niños nuestras frustraciones, los sacrificios que hicimos o los placeres que dejamos de tener después de su nacimiento. Pero la sociedad no nos la pone fácil y nosotras tampoco nos la ponemos fácil con la cantidad de estándares que pretendemos cumplir. No necesitamos que el día tenga 30 horas, necesitamos un poco más de ayuda: de la sociedad, de los papás, de las políticas públicas que garanticen más equidad en términos salariales, ambientes laborales mucho más favorables para las familias, un poco más de solidaridad de género.

En fin, la historia continuará. De tiempo quiero hablar y todavía hay mucha tela que cortar... Cierro con esta canción de Café Tacuba:

Tantas horas sin dormir
creo que voy a morir
24 horas al día quiero vivir.

Tantas cosas quiero hacer
que no alcanzo a recorrer
todo lo que en mi cabeza llego a tener... 




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